Crédito de imagen:
Cindy Sherman, Untitled Film Still #2, 1977
¿A dónde vamos?
Post de Blog
December 7, 2020

¿A dónde vamos?

Me subí al metro y vi a una familia buscando asientos libres. Los niños primero. Esas creaturas una vez sentadas, buscaron la sujeción de la mano de sus padres.

Fue hermoso, ver esa búsqueda mientras yo me aferraba al móvil. ¿será ese mi nuevo pseudo-padre?

Me pregunto ¿a qué nos sujetamos para sentirnos un poco más protegidos? A la música, a la aleatoriedad de imágenes placenteras que nos escupe la pantalla, a la lista mental que repasamos mientras vamos de un trayecto a otro, a nuevos oráculos que nos digan hoy va a llover exes, trabajo o aquello que no creemos tener.

La semana pasada fui a una clase de yoga y lloré por dentro cuando nos pidieron conservar la mascarilla. Fue solo un momento en lo que nos poníamos en marcha. Y es curioso el estallido y berrinche que me dio. Apareció en ese momento tan inoportuno toda mi frustración y ojo, que no estoy expresando lo relativo a usar o no mascarilla sino apunto a la escucha de las emociones que afloran a su tiempo, esos incontrolables estallidos internos que me mostraron lo incómoda que me siento.

Mirar lo que duele es el tema del día de hoy querido lector.

Volví a subir al metro, ahora de camino a una entrevista de trabajo. Se subió una madre con su bebé y este mientras yo escribía en mi libreta azul este mini ser me lanzó una sonrisa. Él en su emergente mundo complacido con lo que hay. No hacía falta verme la cara, concentrada en lo mío, él me vio.

Por un segundo se disolvió la lucha mental actual. Ante el cambio que duele. Ante la distancia hirviendo y espumeando más distancia entre nosotros. Me di cuenta que lo actual demuestra heridas de diversas categorías. Salen a flote incluso con la palabra “toque de queda” un siniestro coro de guerra antigua. Nos da miedo todo. A mí por lo menos, aunque intento ver que no me ocurre nada grave, me salta dentro de la piel, una alarma que me repite: cuidado     con       el       derrumbe.

           Tenemos tierra ante un mundo tan volcanotornado

Con Marina, el sábado pasado comentamos sobre la artista Cindy Sherman en el programa cuarto menguante. Y qué bien me sale aquí insertarla nuevamente para tirar aún más del hilo respecto a mirar ahí donde tendemos a tapar, rellenar sin curar o enterrar porque no nos han enseñado bien bien qué hacer con aquello que pica y chilla. O simplemente qué hacer con nuestra genialidad innata.

Cindy me parece un ejemplo de ser humano que atiende sin lógica sino instinto hacia aquello en plena inundación, en plena intemperie cambiante y aterradora que es la vida a flor de piel. Es una artista que encontró una herramienta, la fotografía, para traducir su creatura altamente hambrienta.

Estamos hambrientos de algo pero muchas veces tengo la sensación de que no sabemos de qué, ni qué hacer para saciarnos. Estiramos la mano y nos llevamos donuts, pastillas, pitillos o silencios porque es lo suponemos que funciona puesto que a todes los demás nos parece que les calma sin cuestionar si eso nos supone a nosotros un camino coherente.

Observando el documental del cual hablamos en el podcast, Nobody´s here but me, la artista americana me trasmite un mundo de soledad necesario para la indagación. Para mí, su búsqueda es tan necesaria como inquietante. Me abre un diálogo y me cuestiona si es que yo estoy dispuesta a tener la valentía de entregarme sin medida de tiempo ni espacio a lo que es uno. Dentro lo que hago, ¿a dónde voy? ¿qué estación tomo cada día para llegar a ese centro que reclama nutrición?

Algunos lo descubren en compañía y otros necesitamos un tiempo de introspección, como un retiro de muchos años para descubrir que nuestra magia aflora en el campo, en el flotar en el mar o en la contemplación del blanco del techo de nuestras habitaciones.

Cindy Sherman y su traducción me hizo también considerar que una cosa no quita la otra. Es decir, que su arte se nutre de un constante intercambio. Si bien ella pilla que el camino es como una masa a moldear, lo interesante está en el flujo. En el estar con los ojos no solo hacia el sentir propio sino al exterior que nos penetra, derrumba e impacta.

Las coordenadas astrológicas del momento me sitúan y nos sitúan en un tiempo entre eclipses. El de luna llena en géminis del 30 de noviembre y el de luna nueva en sagitario del próximo 14 de diciembre. Este axis de la mente, donde el nodo norte está en Géminis que nos apunta a volver a lo práctico del pensamiento desaprendiendo y soltando altos mandos antiguos de sabiduría perene, también nos lanza el guiño del siguiente año 2021.

Un saltar la cuerda. Como niños que esperan gustosos su turno de brincar. ¿y porqué no pensarnos así? atreviéndonos a experimentarnos, a volvernos curiosos, a simplificar y doblar nuestras rodillas con humildad. No sabemos todo lo que creemos saber. Tenemos puntos ciegos, tenemos delante nuestro un mundo en llamas que es reflejo de la guerra interna y la oportunidad está en volver todo combustible con elegante sinceridad.

Al inicio del año, escuché a Sergi Torres decir: “nada es lo que parece”. Y esta frase que aún estoy descubriendo sus múltiples impactos y juegos que le propone a mi mente, nos la repito hoy entre esta cuerda intermedia entre dos eventos lunares que nos empujarán a todos a saltar.

¿a dónde vamos? Quizá la respuesta nunca se contestará con exactitud. Quizá la pregunta misma sea lo que se nos pide experimentar. Quizá mañana otra flor, otra nube atravesada en luz, otra bocata de jamón u otro árbol parlante sea lo que conteste sin pretensión a esa mente que crece ante las oleadas inestables del cambio.

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