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Millet, El Ángelus
El Ángelus
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September 14, 2021

El Ángelus

¿Piensas que no necesitamos tu arte o te asusta crearlo?

Sobre el sol en virgo y su luna misteriosa

Siendo honesta pienso seguido que tanto el mundo no necesita de mi arte y me asusta no tener nada que crear. Cincuenta/cincuenta. Justo antes de embarcarme a mis vacaciones familiares, en el aeropuerto de Barajas con tres horas libres para un vuelo largo al continente americano, me puse un podcast de Akimbo por Seth Godin. Hablaba justo de Robert Hooke, su avaricia y su lugar en la historia de la física.

Lo que pasó después de escuchar el capítulo fue que más allá del contenido, entendí que este programa así como los libros de este autor apuntan a un mismo foco. Una y otra vez alienta a las personas que buscan despabilarse y una y otra vez se convierte en un faro de luz que espera a que los barcos en plena oscuridad encuentren compañía en un mar impredecible.

A raíz de este contagio me observé en el aeropuerto como nunca. No me había pasado antes disfrutar de la espera en un sitio lleno de maletas, centros malos de comida, asientos incómodos y energías de estrés, prisa y despedidas.

No me esperaba esta nueva inversión en el tiempo entre un sitio y otro. El aeropuerto es un curioso limbo que nos muestra nuestra gestión personal ante situaciones al compás de lo voluntarioso de límites y accesos impuestos por desconocidos (aerolíneas, pasaportes, protocolos, dinero, intercambios, países) Lo que generalmente hacía era llenarme los ojos de pantallas y sobornar el cuerpo tenso con botanas. Sin embargo en esta ocasión fui curando mi travesía, monitoreando mi mente y acompañándome. El resultado fue glorioso, no me aburrí incluso cuando sentía que cinco minutos representaban una hora.

Me di cuenta que normalmente proyecto como si la vida comenzara una vez llegada al destino, el resto adormecimiento puro. OUCH! ¿y si no solo hago esto en los aeropuertos? En esta ocasión estaba sentada frente a la puerta de embarque intenseando con mi propia experiencia y nuevamente saqué dos cuestiones. Uno: ¿porqué rayos pienso que el comienzo de un viaje no es parte del viaje? Dos: ¿cuál es la calidad del tiempo que paso conmigo?

Voy descartando lugares dignos de no dignos. Aeropuerto trinchera, Barcelona dura, mi departamento pesado, mi cama un no descanso, una relación nueva improbable, la casa de mis padres incómoda… Lo mismo que un viaje, parto de referencias y códigos que yo misma inyecto y me afronto a ellos pasando de puntitas porque “ya se lo que me espera ahí”. Cuando en realidad lo que se esconde es otra cosa en cada encuentro y experiencia.

Ante estas preguntas fui siendo testigo de que temía mirar. Temía la transición. Temía sentarme con mi miedo a volar y descubrir lo frágil de mi rutina, mis planes, mi justificación de estar en este mundo. Temía parar a sentir. Temía sentir algo incontrolable. Y es que tener tres horas “muertas” da un perfecto espacio de encierro forzado para evaluar la huida de una vida presente. Una vida que eventualmente nos escupe a la cara emociones, nudos e incoherencias para hacernos cargo.

Yo creo que ese día entre trayectos que yo los juzgo como hostiles, por fin me encontré. Me encontré cómoda viajando conmigo de esa manera, como una madre llevando con tranquilidad a su hija amada entre un pantano lleno de cocodrilos y troncos que van rasgando las vestiduras. Me encontré con el deseo de inyectar un comienzo de ruta no enterrando más el miedo ni los sentimientos. Me encontré con que quiero en verdad aceptar y no esperar las condiciones adecuadas para sentirme adecuada. Ese momento ideal por experiencia no llega, el pantano termina convirtiéndose en un desierto.

Para mí fue un cambio el vincularme con este viaje desde no continuar parchando los ritos de paso. No estaba sola, previo a este viaje me llevé en la mochila libros y la recapitulación de quienes han sido claves para mí en este 2021. Registré que mi foco está siendo la creatividad ¿cuál es el tuyo? ¿cuál es tu faro desde donde parten tus pies y manos a extenderse con soltura? Ahora hablemos del sol en Virgo, la coordenada por donde la tierra pasa cada año entre el 22 de agosto y el 22 de septiembre, en la astrología es un periodo de integración y digestión. Virgo es lo humano. La conciencia de que el detalle es que ese ser tan complejo abarca en sí el caos, coherencia, virtud y cambio.

Es un mes que me forza a volver a casa, a mis primeras hogueras y cunas. Me lleva a mirar mis entrañas mostrándome los lugares que aún no logro habitar con una justa presencia -como viajar. Este mes preparatorio al equinoccio de otoño es como el Ángelus de Millet. La hora donde el trabajador se calma, se entrega y se prepara para el siguiente paso.

Virgo también es una invitación al silencio.

El silencio cortando por en medio de nuestras monótonas idas y venidas de la mente. El silencio que con su dedo invisible nos señala los sitios donde hemos de volvernos nuevamente vida. Flujo. Entrega. Sencillez. Moldearnos. El silencio tanto por el despido de una vida, un sueño, una identidad como la bienvenida del sol bañando nuestras sudorosas frentes rendidas.

Como astróloga y mujer quiero compartirles lo emocionante que será ver a mercurio retrogradando en libra (introspección), el paso al sol en libra (vínculos) y la luna llena de este 20 de septiembre (magia). Pues es un buen reto para observarnos en un año que aparenta sequía (las apariencias engañan). Un excelente reto para acercarnos a inspeccionar el cómo el otro me impulsa o me lleva a un extremo donde sí o sí, debemos de ir a recobrar la memoria perdida, la gema oculta,  la sabiduría que entre todos tejemos de ser uno con la vida. No dos, no tres, no pobres ni menores que.

Si a virgo lo veo como el Ángelus, este periodo de Virgo a Libra, con todas sus alineaciones será como la resonancia que cada uno hace en sus corazones de la palabra AVARICIA. Seth Godin en un capítulo de su podcast hablaba de Hooke como un magnífico investigador, inventor y creador que por desgracia guardó sus investigaciones para sí.

Hooke en todos nosotros representa ese aspecto de contracción, competitividad extrema y el temor por alzar la voz y dar nuestras creaciones a nuestra comunidad. Una comunidad que si la vemos como lejana, hostil, competitiva, severa; entonces nos quedaremos polarizados en nuestra cueva volviéndonos como Smeagol del Señor de los Anillos. Solos y fríos.

Por último, un pequeño apunte de la luna llena en piscis de este 20 de septiembre. En una explicación que el astrólogo José Millán dio en su canal de youtube: “La constelación de piscis está representada por dos pescados unidos por un reguero de estrellas”. Esta imagen ha de enseñarnos que los pequeños destellos en el fondo del universo nos unen los unos a los otros. La luz conecta dentro de una matriz que la abraza. La luna reflejando esa energía simboliza la conexión con el poder de un catalejo (virgo) que puede ver a la distancia un punto aparentemente imposible de acceder (piscis)  y uniéndolo a nuestros pies para trazar así un puente (integridad). Entre aquí y el infinito. La luna nos refleja que una vez aceptamos al catalejo, al buscador de lo lejano y al misterio, la vida se vuelve un tránsito sorprendente, comprometido, mutable, constante que requiere CONEXIÓN.

¿Piensas que no necesitamos tu pasar por esta tierra o te asusta asomarte a tu profundidad aún por conocer?

Seguimos!

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