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Presentación, Ksenia Beliaeva
El lugar
Post de Blog
January 9, 2021

El lugar

Mi profesor de poesía dice que hay que escribir en lugares inesperados, inhóspitos y despiadados. Quizá cuando dio esta guía, no ocupó tantos adjetivos y solo apuntó a que necesitamos muy poco para escribir, solo un poco de soledad. Estas últimas palabras son del acertado Sartre y para ser honestos, ahora que escribo desde un sillón cual rana en estanque, escuchando una lista de reproducción de Spotify de Patrick Watson, es que comprendo el sentido de esa invitación a crear fuera del “colchón” para no quedarse dormido.

Esta es mi confesión de hoy: suelo no poner las cosas a mi favor. Si fuera 100 por ciento capricorniana sería práctica y me centraría en hacer lo útil a favor de una escritura afinada como la cuerda de una lira. Como soy humana me he tomado una copa de vino, me distraigo con música, cambio de asiento, navego entre mensajes y lo que se cruce. Lo sé, esto es parte también de lo que en estas letras se cuela y es también su esencia. Mientras dejo correr todo lo que me distrae, habita y compone, también con estos treinta años recién cumplidos, paulatinamente quiero dejar la posibilidad de una vuelta más a la tuerca con la siguiente pregunta:

¿Qué es prioritario en nosotros ahora ajustar y qué es necesario dejar brotar?

Dicho esto, entremos en materia. A veces la astrología, la creación y la vida,  como un acordeón plegado parecen una misma cosa que me deja sin aliento. Yo trato de ir a contracorriente dando bocanadas de aire para ver si logro distinguir una de otra y en pleno intento me quedo más confundida que un perro que caza insaciablemente su cola. Eso sí, me divierto.

¿Cómo te has sentido estos días? ¿cuáles son tus pequeños resplandores? ¿logras detener el tiempo mientras sientes la caliente ducha llevarse tus pesares? Me apasiona y relaja pensar qué será para ti el detener o dejar estar al tiempo. Qué es de ti en este inicio de año cuando todo parece un caldero vaciado al suelo. Quizá estés de maravilla ordenando, limpiando y activándote mientras de reojo te alcanzan las noticias de cómo están los vecinos del mundo. Sea cual sea tu escenario ¿cómo lo vas digiriendo? ¿qué te ancla a tu paz? ¿qué te trae calma?

Percato que requiero de tiempo para reunir fuerzas y escuchar. Y camino sobre una cuerda floja ante la toma de confianza en mi voz. Me ha costado tiempo comprender que si bien la estructura y el compromiso pautado crea una buena base, también es necesario darme espacio para ver que el contenido, lo primordial, es un puchero que toma forma con paciencia. ¿Quién sino uno, transita y cocina eso? Estos tiempos me han dejado claro que el movimiento va de un “no me lo tomo personal y un sí que requiere que yo cuide de mí” Ya que no es poca cosa existir y compartirse.  

Este fin de año se iluminó un cuarto más de la mansión tan rica que soy por dentro. Como ejemplo está mi reciente interacción con mi familia. Las coordenadas y situaciones se presentan como un bucle repetitivo de violencia y lamentos sistémicos. Me siento como en una prisión sin cerraduras. Preguntándome ¿qué ha pasado, porqué como núcleo volvemos a nuestras celdas? Y ante el estallido de reclamos, cuando recuerdo validar lo que siento me he dicho: “mira, quizá esto continúe a la eternidad aún así pido recordar mi libertad para que no reaccione causando un mundo más separado, exigente y basado en el miedo”.

La tensión, la herida y la confusión- mis famosos compañeros de celda- están ahora acompañados por un nuevo “malote” que lleva en el pecho un tatuaje con la frase: soy parte de un juego dinámico de conciencia.

Y con ustedes el nuevo mantra de la temporada: Convierte tu prisión en un refugio de ángeles.

Mis nuevos ángeles son palabras que irrumpen mi discurso interno. Son amplias respiraciones, son los momentos en donde me detengo a escribir sin juicios y sola voy comprendiendo que mi dolor abre, mi reacción separa y que he de dejar que los demás me muestren los lugares donde aún soy una prisionera.

Pasando a otro tema. Marina y yo, desde el podcast de #cuartomenguante, hablamos sobre manifiestos artísticos. Como un llamado a calibrarnos para pronunciarse ante la vida no únicamente de intenciones que surgen desde un intento por adornar la superficie o desde la compulsión a llenarse de etiquetas y parches que nos distraen fuera de lo que en verdad deseamos ver manifestado. El hecho de plantear un manifiesto a mí me removió la tripa,  resuena en mí como el acto de firmar un contrato que bien bien no sé si podré sostener.

Sin embargo, gracias a la dinámica en pareja que tengo con Marina, descubro otro ángulo de cómo abordar y extenderme más allá de mis bloqueos y concepciones hacia temas en los cuales yo tengo un punto de relación cerrado.

¿Resulta lógico no? Que la unión con otro ser, otra conciencia y el permiso a dejar a ese otro intimar, hace que nos vayamos ampliando.

Para mí de eso va también la famosa puerta de ACUARIO. El ampliar el espectro reduciéndolo. De abarcar la contradicción, de indagar en lo desconocido, de abrir para cerrar, de sostener para soltar en compañía. Vuelo de pájaros humanoides.

Cada vez que pronuncio la palabra MANIFIESTO, veo y escucho el aullido de un lobo. La escritura de un manifiesto apunta al deseo genuino de autoexpresión enraizada en el presente.

El aullido no solo canta desde el centro del plexo solar, un llamado de corazón al universo, sino que nos articula y nos trae la experiencia de modelar nuestro presente al antojo.

Necesitamos nuestro propio permiso para la prueba y error.

Necesitamos un cuerpo que acompañe nuestra energía a expresarse.

Necesitamos tiempo y espacio para probar nuestras travesías.

Necesitamos confianza en que lo propuesto como eje de vida, es.

Necesitamos vaciarnos.

Necesitamos rezar y oír nuestro rezo.

Necesitamos meter los dedos en la tierra sabiendo que quizá encontremos humedad, lombrices, piedras o sensaciones de desagrado.

Necesitamos muy poco, soledad.

Necesitamos mucho, conocernos.

La energía presente de estos días: venus caminando de sagitario a capricornio, marte entrando en el terreno taurino manifestando hechos, materia y renovación, mercurio entrando en acuario y el camino desde la luna llena en cáncer del 31 hasta la luna nueva del 13 de enero. Es un despido.

Algunos nos tocará firmar fuertes renuncias. Escribir fuera de la cuna. Telegrafiar a los muertos que nos acompañan para decirles: siento en cada fibra mía este miedo o aquel. Enunciar como acto de desnudo. Susurrar al viento “envíen ayuda urgente”. Incluso atrevernos a ver en los lagos congelados, la cristalización de lo que necesito separado de lo que no.

Urgente emergente bestial esquizofrénico frío hierático violento duro .- grita una de las voces y a su paso nos abre a todos, la invitación de suavizarnos y aprender a dejar ir.

Este puente de despido puede ser aprovechado para meditar y sorprendernos de lo bello de cada amanecer. Tanto como para ver que somos tormenta de nieve y rendirse como caballeros templados.

Finalizo este encuentro de palabras remarcando que casi todos los astrólogos hablamos de pasajes, umbrales, siembras, interconexiones, relaciones, ciclos y renovaciones. Todo para optar por ver la vida en su total espectro, como un paso que contiene millones de lazos invisibles. Sencillez es uno de tus nombres. Así como Sol, luna, sueños y atarse las agujetas.

Nos deseo estar a favor de la flor que quiere compartirse desde nuestro corazón.

¿Seguimos?

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