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Barcelona 2021
Formas de salir del sepulcro
Post de Blog
August 30, 2021

Formas de salir del sepulcro

Este escrito es un colapso, el recuento de cuando me volví momia.

Este escrito es un intento.

Este escrito es el gesto de levantar una mano en medio de una estación de trenes llena de personas yendo en sus direcciones, atreviéndome a decirnos, ¡Paremos un poco!

Hace un mes estaba mirando a la cortina de estrellas de plástico dorado que se ha quedado pegada desde el cumpleaños de mi hermano este junio. Como compartimos una especie de pacto con un minúsculo desorden, a mí a ratos me parece divertido ver colgado un santa Claus sobre una luna en la pared del pasillo de mi piso. Hay cosas en casa que deberían estar guardadas o retiradas desde hace tiempo pero que por desidia, uno las fue dejando hasta que se convirtieron en un brazo o un pie del hogar.

Después de mirar largo rato esta cortina decorativa apareció el recuerdo a modo de tráiler cinematográfico del fin de semana a finales de julio y me volvió a arder el cuerpo al solo echar un vistazo. Aquí los highlights:

-Caminé por la ciudad de arriba abajo como una hormiga llevando una montaña

-Busqué trabajo, la contestación: no cumples los requisitos vuelve a intentar

-Comí con mi hermano y el festín fue tal que constantemente me preguntaba: ¿lo merezco? No puedo pagármelo, ¿de cuando aquí me duele y causa acidez lo que consumo? ¿porqué este agobio con el dinero?

-Vi un video sobre los autónomos de España. Dije eureka. Comprendí que puedo y quiero intentarlo. Brotó una hojita de confianza que todo cae en su justo momento. Y pues sí, lo que no esperaba es que quien por fin cayó de su silla fui yo.

-caí, me dio COVID.

Mi cuerpo ,cada músculo sostuvo un nubarrón oscuro y denso. Olor de un momento pivote. Olor de que algo giró, como una perilla abierta por la mano de una creatura siniestra que invade un terreno antes sostenido con pinzas.

La enfermedad me maravilló. Apareció como una danza entre un salto y la contracción de ese salto. Fue como tomar entre las manos el freno oxidado de nuestra inercia. Y vi claramente la posibilidad, lo incierto, lo incontrolable, la resistencia, el reposo, la espera, la fragilidad, la inconsciencia y vuelvo a empezar.

Mi experiencia ante esta enfermedad me llevó a sentarme a escribir. No había espacio para nada más. Aterrador encuentro con una sintomatología que nos arrastra a  observar, sentir y  escuchar el miedo de no saber enfrentar nuestra propia existencia.

Un miedo es un miedo ¿cierto? ¿cómo no vamos a saber cómo vivir? Pero me percaté cuan aferrada estaba a cubrirme bajo ese manto-miedo, sin querer queriendo, como una avestruz. Enferma me pregunté cuánto de ese miedo me envía directamente a mi tumba, una urna donde me meto antes de tiempo. ¿porqué no le hago frente? Y otra cosa, ¿porqué espero que algo como una enfermedad y una cuarentena me enseñe que lo básico y la  toma de decisión consciente está siempre cerca, como una vela encendida que nunca se apaga?

No tuve otro remedio que hacer caso a esas fuerzas invisibles que saquean tus pertenencias más preciadas: la rutina, tu vitalidad, tus planes. Todo es saqueado cuando la salud flaquea ¿excepto qué?

Excepto tú.

Pero antes de esta conclusión experimentada, como no! El batallón de resistencia de mi brillante cabeza quiso entrar a hacer su lucha. Me pillé haciendo concienzudamente el repaso del fin de semana para rastrear el origen y me di cuenta que tampoco eso importaba. No importaba nada si no me entregaba a estar a disposición del dolor, a disposición de ese tiempo no tiempo, de ese refugio presentado como el fin del mundo.

Me di cuenta  también de la absurda tendencia de mi mente en buscar culpables para así, ante el colapso eminente, creer que algo he comprendido. ¿pero qué rayos he de comprender si la enfermedad me estaba mostrando una dirección completamente nueva?

Dejé por imposición covidiana, aparcado el coche. Al diablo se fue la astrología, el teatro, la búsqueda de trabajo, los pensamientos si soy útil o no para esta sociedad. A la mierda todo.

Centelleó por largos días mi energía, me quedé postrada en el sillón. Artritis. Me costaba escribir la palabra artritis por temor a invocarla pero como un incendio que se prende en varios focos, el bosque se consumió y me quedé sintiendo cada parte de mi cuerpo agotado, inquieto, chamuscado, vibrante, cambiante. Un pensamiento vaporoso me susurró lo siguiente: “escribe sobre los permisos que no te das, escribe sobre tu propio abandono, baila, atiende a tus bocados y así sal del sepulcro.”

Mi sepulcro es uno de piedra granito y mármol alienígena. Una tumba a la vieja manera de hacer monumentos de cantera dura y ancha.

Salir de allí no requirió nunca de fuerza física sino del espíritu, del sol y del romance con los espacios que habito, entre ellos mi piel.

Salir representó el estallido interno de una presa que contenía la corriente que me  presiona por liberar. Basta de acumular esto y aquello.  

Salir fue confiar en todo momento. Confiar incluso cuando no confío. Reí ante esta lección de vida donde yo había creído tocar el cielo lapislázuli y de pronto postrada en cama, la vulnerabilidad mezclada con gotas de nada.

Salir requirió un pacto para saludar a las emociones. Nuevos embajadores de paz haciéndome sí o si firmar un acuerdo de que ahí como al cambio climático es donde el cuido se debe propiciar.

Salir es un pacto sin querer llegar al fondo de un enigma foráneo, sino aprovecharlo para bucearte un poco más.

Salir con preguntas no es perder el tiempo, es emplearlo para acercarte más a la realidad cambiante que día a día nos enseña estaba yo yendo en una barca a la locura, la desconexión y la separación.

Salir de donde me creí plena, descubriendo que no. Que hay que vivir y no continuar preparándose, masterizando los vendajes para inmortalizarnos, para proyectarnos a visualizaciones que nunca alcanzo.

En las cuevas donde busco respuestas, las mesas giran por los aires, el cielo es el suelo y el piso donde mis pies se plantan se convierte en el inicio de un ascenso. Por ello esos días mis amigos me encontraron momentáneamente artrítica. Al estar hurgando con estas uñas las raíces de mis ancestros, invocando a la muerte, aprendiendo de mi proceso de digestión y de temas que aún me avergüenzo a mencionar como la inmigración, el dinero y el deseo de ser amada.

Y cuando la vida me pide un contrato nuevo con la materia y el valor que me doy. Llegué a una bahía para hacerme la siguiente pregunta ¿cómo afrontar aquello sin alejarse de la alegría?

Fácil, dejar estar huyendo.

Difícil, continuar con la pantomima de que aquí todo está perdido, dividido, podrido.

Y sigo respondiéndome , sigo visitando el sepulcro a ratos pero ahora me meto en el con motivo de investigación y con un par de zanahorias por si acaso.

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