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Lluvia y semillas
La mujer del paraguas
Post de Blog
June 10, 2020

La mujer del paraguas

Quiero hablar de la fuerza centrífuga
Tocar el tema del dolor al sentirse desmembrada
Innana
Recordar los cantos que nuestras abuelas entonaron

Y esa sensación que aún no podemos ponerle palabras



Hablaba con mi amiga sobre los #eclipses y lo que percibo como eventos para crear un lugar propicio con un letrero que dice: “saltar al vacío”. Las fechas son el primero, el 5 de junio en el grado 15 de sagitario, el 21 de junio en el grado 0 de cáncer y el 5 de julio en el grado 13 de capricornio. ¿y para qué nos interesa estos datos?

José Millán dice en uno de sus magníficos videos que un eclipse, es el momento donde las luminarias (sol o luna) desaparecen, un acto de magia donde el espectador acostumbrado a verlas, a sentirse bajo su luz protectora, su orden “normal”, pasa entonces a sentirse a la deriva/ a su suerte/ a su autoría.
¿qué hay de malo o bueno en ello?- he aquí lector, una pregunta trampa.

En la danza cíclica, en esta relación con los astros hay que recobrar que más allá de la interpretación, está la observación y la experimentación. Una conciencia expandiéndose lejos de estar condicionándose.

Este año, los eventos que nos están ocurriendo, nos han dejado en la piel, en el corazón y en la sangre, la prueba que somos vulnerados por lo colectivo y lo personal. Nada nuevo aparentemente, lo que hay con potencia es un llamado a despertar. ¿En qué? en aquello que en tu vida una y otra vez como una mosca, aparece zumbando al oído y rondando hasta en la sopa.

Doloroso pinchazo de una burbuja que si bien en el intelecto sabíamos que la explotación de la tierra y de nuestros hermanos, en los contratos con los que todos éramos partícipes adormecidos, había ya un fin; en muchos campos y prácticas diarias, caíamos y caemos en la incoherencia de lo que creemos creer y creemos hacer.
No hay culpables, solo cadáveres apestosos que llevamos y pasamos a las generaciones sin cuestionar su integridad.

La fuerza centrífuga, donde me viene la imagen de un huracán, nos sirve en este momento. Mia Pineda, otra gran astróloga, habla sobre la temporada (no de lluvias) de eclipses como puertas correderas en constante movimiento, un edificio donde eventos van y vienen así como personas. Intervalo de tiempo quebrado que diluye la sensación de control y aquí es donde retomo mi imagen de laboratorio. Tenemos, al estar centrifugados en casa, más próxima la experiencia de hacer tests íntimos ante nuestras propias reacciones cuando nos sentimos revueltos, revolucionados y sacudidos. Tanto lo hermoso como fuerte de este año es que ocurre también en lo externo ese desmembramiento: una grieta enorme social, política, económica y sobre todo relacional.
Este año además de uniones que marcan procesos profundos sistémicos en su punto de no retorno(Plutón, Saturno, Júpiter en capricornio), tenemos en lo personal retrogradaciones de lo femenino y masculino a vivir bajo la consigan del siguiente mantra extraído de S. Torres: “nada es lo que parece”. Estamos en plena venus retro en géminis (que ya sale del inframundo) y en unos meses nos acompañará marte en Aries hasta casi el final del 2020.


Sin prisa y sin pausa!!!


La herida está fresca ¿sabes qué hacer con ella? ¿la atiendes o te dejas distraer por la información masiva que aparece? Salgo de casa o con una bolsa con una bandera de arcoíris o con un paraguas gay, propiamente alegre. Aún no sé porque no suelto esos amuletos, me detengo a ver esa probeta provocativa que levanta mis creencias sobre la imagen y lo que llevamos puesto para identificarnos. Me estoy regalando ese tiempo y espacio de salir de mi caparazón donde antes me refugiaba caras neutrales, actitudes “serias”, conversaciones “profundas” y justificaciones de porqué hago lo que hago… hasta que una ola llamada sociedad muriendo y con miedo, golpeó mi puerta y me hizo caminar.

No importa hacia donde, lo que importa es que ahora me pongo llueva o no, luz. Los colores son mi impermeable, no huyo del clima interno y mi aventura es una conciencia probándome en cada esquina, en cada mirada, en cada entrada y salida de casa. El reto es el dejar de lado mi adicción a hacerlo bien, a que consiga un resultado favorable, a ser alguien importante y seleccionado por otro en cuyo valor deposito como si fuese el grial…. Ante tanta tensión y frustración, pido ayuda. Me invento que mis abuelas están a un lado y me pongo a cantar, a bailar y a relajar los músculos contraídos. Me invento directrices de seres de aire, de seres que desde otro plano dictan canciones viejas en lenguas muertas, re muertas, zombies.

Y ahí estoy yo humaneandome (una mezcla de humano y humo limpio)
¿quién no se pone a reinventar el contacto con el gozo?
con lo simple
porque lo que es, es.

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