Crédito de imagen:
Magia
Ya somos dos
Post de Blog
May 27, 2021

Ya somos dos

Hoy he soñado que visitaba mi amada ciudad de México. En el sueño, estoy de paso y me encuentro fugazmente transportada por mi familia de un lugar a otro. Aeropuerto, vías concurridas, distancias largas, trayectos en los que calculamos cuál es la ruta más optima.

Quería ver a mi amiga. Y notaba como el color del sueño iba de un rosa púrpura a un violeta denso y secuestrador. Mis lentes oníricos se empañaron.

Me di cuenta que ahí estaba: economizando mi tiempo indeciso entre ir a un sitio o estar con la familia. Economizando y calculando rutas de evacuación. Economizando y luchando con la agenda.

De pronto llegué a una casa. Me asombró este destino. Una casa vacía. Inmensa y sin muebles. El nuevo hogar de mis padres se sentía como un lugar hostil y me prendía en cólera de Medusa al ver que no tenía si quiera refrigerador.

A este punto puedes burlarte de mi. Yo me reí por la mañana al recordar que mi gran punto de quiebre era el pollo que le monté a mi madre por no tener lista la cocina ni haberla equipado durante mi instancia.

Discutí en el sueño con mi madre. La llamé austera. No lo es. Y recorrí las habitaciones destinadas a los “niños”. Yo no lo somos.

Mi casa ya no es y eso me duele.

Me duele esa sensación de destartalamiento. De mi país, de mi núcleo familiar y de mi persona.

¿Qué puedo decir del clima astral? “Movimientos en puntos matemáticos importantes”. Los movimientos como en jaque mate se hayan en los ejes nodales de la luna o en otras palabras que seguramente has escuchado, estamos entre eclipses. Encima de este pastel, planetas en géminis y piscis haciendo de las suyas en alineaciones llamadas cuadraturas.

Pinta a unicornios luchando con troles.

O a rascacielos volviéndose mazmorras

O a paraísos amenazados por una llovizna que bien podría convertirse en brisa o en un huracán y arrasarlo todo.

Es un juego. Un simple juego del cual cuanto más calculamos más nos volvemos locos. ¿cierto? Como en mi sueño. Si al llegar a un pasaje me pongo a computarizar los trayectos o los planes o mis deseos volcados ahí, más me pierdo de lo obvio. Me pierdo de encontrarme a mí en cada sitio que visito. Diurna o oníricamente.

Lo vuelvo a repetir: me pierdo del encuentro de mí en cada sitio. De mí en cada paso que doy. De mí en esta existencia. De mí como puerta abierta. Giratoria. Contradictoria. Sabia. Incógnita. Develándose.

Y lo más importante, en cada paso que demos este mes de junio, será la gran lección de volver a nosotros. A ese respiro profundo, tocarnos el centro del pecho y susurrarnos. AQUÍ ESTOY YO.

Gracias por tocarme querido lector, ahí en el centro de mi ser,

ya somos dos

IR AL BLOG